11 DISPAROS FRENTE A SUS PEQUEÑOS HIJOS, TERMINAN CON LA VIDA DE APRECIADA PROFESORA EN MINATITLÁN




Minatitlán, Veracruz— Su nombre fue Deyanira Rodríguez Zúñiga. Apenas pasaba los 30 años de edad. Su vida, hasta la mañana de ayer viernes, fue la de cualquier madre de familia, profesionista, que sale a trabajar y que su primera parada fue la escuela primaria "Pablo Hernández Pérez" de la zona centro del municipio de Minatitlán a dejar a sus hijos, pequeños ambos.

Nadie sabe de dónde o cómo aparecieron dos hombres a bordo de una motocicleta. Las detonaciones fueron directas y concisas. La mujer, quizá, ni siquiera alcanzó a darse cuenta qué fue lo que sucedió. Cayó abatida por las balas, a la puerta de a escuela, apenas con un pie afuera de su coche.

Los niños aterrados, en shock. Apenas el mayorcito, comenzó a lanzar improperios como enajenado, desesperado, crispado, incrédulo. Manos amorosas, arriesgándolo todo, lograron abrir la otra portezuela del automóvil de la ya muerta en ese momento apreciada madre y profesora y cubrían la cara de los niños y abrazados los introducían a la escuela, aún en medio del horror vivido.

Luego. Un silencio sepulcral. Nada. Tuvieron que pasar algunos segundos para que hubiera reacciones. Se solicitó urgentemente la presencia de una ambulancia, de cuerpos de seguridad, de cuántos pudieran ayudar, hacer algo. Lo que fuera.

No fueron muchos minutos de angustia. La ambulancia llegó. Nada se pudo hacer. Once disparos no son cualquier cosa. Once disparos nadie los sobrevive. Once disparos que desdibujaron para siempre la hermosa y sincera sonrisa de una madre de familia. Once disparos que sepultaron las esperanzas, proyectos y futuros, no sólo de ella, sino de sus pequeños. Once malditos disparos.


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